Cuando la cooperación se inclina
No toda jerarquía empieza con un jefe. A veces la imaginamos demasiado tarde: cuando ya hay cargo, mando o institución visible. Pero quizá una parte del poder empieza antes, en un terreno más bajo y más difícil de ver: una interacción repetida, una diferencia mínima, una coordinación que se inclina siempre hacia el mismo lado.
Esa es la intuición más sugerente del artículo de Shanshan Mao y Peter Tino, From Cooperation to Hierarchy. El trabajo no es una investigación histórica directa ni pretende explicar por sí solo el origen del poder. Es un modelo de sistemas multiagente: una simulación formal que intenta observar bajo qué condiciones puede surgir una jerarquía estable en una población descentralizada, cooperativa y sin líderes predefinidos.
La pregunta que deja abierta es sobria y útil: ¿puede la cooperación producir asimetría? ¿Puede un sistema sin jefe generar, a través de interacciones repetidas, una dirección estable de la influencia? ¿Puede la jerarquía aparecer antes de que exista una institución que la nombre?
Los propios autores delimitan con cuidado qué entienden por jerarquía. No hablan, en este punto, de una clase social cerrada, una autoridad jurídica o una posición heredada. Hablan de patrones de interacción: de flujos de información e influencia que dejan de ser completamente recíprocos y empiezan a organizarse de manera direccional.
«En este contexto, la jerarquía no se entiende como una clasificación social fija ni como una ordenación institucional, sino como una propiedad estructural que emerge de los patrones de interacción. Más concretamente, nos centramos en la formación de asimetrías direccionales persistentes en los flujos de información e influencia entre agentes, que surgen endógenamente mediante interacciones locales repetidas».
El pasaje es importante porque desplaza el problema. Si la jerarquía no se define solo como institución, entonces puede observarse antes de que exista una forma política plenamente constituida. No hace falta empezar por el Estado. Ni siquiera por el jefe. Basta con mirar cuándo una relación deja de ser simétrica: quién coordina más a menudo, quién es tomado como referencia, quién concentra la circulación de información, quién obtiene mejores retornos en las interacciones colectivas.
Esta forma de pensar ayuda a separar tres cosas que muchas veces se confunden: la cooperación, la igualdad y la ausencia de poder. Cooperar no significa necesariamente estar en una relación igualitaria. Un grupo puede cooperar y, al mismo tiempo, producir posiciones diferenciadas. Puede organizar tareas comunes, repartir recursos, coordinar acciones y, en ese mismo proceso, generar ventajas recurrentes para algunos agentes. La cooperación no siempre elimina el poder. A veces puede ser uno de los lugares donde el poder empieza a sedimentarse.
El modelo de Mao y Tino trabaja precisamente con esa transición. Los agentes interactúan localmente, cooperan, compiten, se reproducen y asumen de forma probabilística papeles de coordinación. No hay un líder fijado desde el principio. Pero ciertas diferencias internas pueden hacer que algunos agentes ocupen más a menudo el papel de speaker, es decir, de foco temporal de coordinación. Esa posición no equivale todavía a una jefatura. No es un cargo. No es una institución. Pero si se repite, puede empezar a producir una red de influencia.
Ahí está una de las ideas más útiles para el análisis del poder: antes del mando formal puede haber ya una dirección desigual de la atención. Antes de la obediencia puede haber una reiteración de la escucha. Antes de la autoridad reconocida puede haber coordinación acumulada. El poder no aparece siempre como una ruptura visible. A veces empieza como una ventaja pequeña que vuelve una y otra vez al mismo lugar.
El artículo introduce además un indicador formal —la incoherencia trófica— para medir si esas relaciones forman una red más horizontal, difusa o recíproca, o si empiezan a organizarse en capas y direcciones. La idea es sugerente más allá de la matemática: una relación social puede ser cooperativa y, al mismo tiempo, empezar a inclinarse. Cuando la reciprocidad se reduce, cuando ciertos nodos concentran el flujo de influencia y otros lo reciben de forma recurrente, la red deja de ser plana. No todo poder es orden explícita. También puede ser orientación acumulada.
La discusión final del artículo resume con claridad el mecanismo observado: la jerarquía puede surgir en un sistema descentralizado sin líderes predefinidos, porque las interacciones locales inducen gradualmente patrones asimétricos de influencia.
«Este estudio investigó cómo puede surgir una estructura jerárquica en un sistema multiagente descentralizado sin líderes predefinidos. En nuestro modelo, los agentes se coordinan mediante búsqueda local de recursos e interacciones hablante-oyente, y estas interacciones inducen gradualmente patrones asimétricos de influencia captados por el índice de incoherencia trófica».
La conclusión no debe leerse como una explicación del origen histórico del poder. El propio modelo no incluye ritual, parentesco, memoria cultural, violencia organizada, prestigio simbólico ni legitimidad. Tampoco describe una sociedad prehistórica concreta. Su valor es otro: ofrece una imagen formal de cómo pueden aparecer asimetrías dentro de dinámicas cooperativas sin que exista desde el principio una autoridad constituida.
Para un análisis del poder, esta precaución es decisiva. El poder no puede reducirse a un algoritmo, pero algunos modelos ayudan a mirar mejor. En este caso, ayudan a plantear que la oposición entre cooperación y poder es demasiado simple. La cooperación puede contener formas de coordinación, y la coordinación puede repetirse hasta producir influencia. La influencia puede acumularse, distribuir recursos, orientar decisiones y acabar pareciéndose a una estructura.
Dicho de otro modo: no toda jerarquía nace por imposición externa ni por una autoridad ya constituida. A veces aparece dentro de la propia coordinación colectiva como inclinación repetida de la interacción.
Quizá parte del poder empieza ahí: cuando una relación cooperativa deja de ser plenamente reversible; cuando alguien coordina un poco más, es escuchado un poco más, orienta un poco más, recibe un poco más; cuando una diferencia menor se repite lo suficiente para convertirse en patrón.
Referencia
Shanshan Mao y Peter Tino, “From Cooperation to Hierarchy: A Study of Dynamics of Hierarchy Emergence in a Multi-Agent System”, arXiv:2602.21404v2, 2026. Disponible en: https://arxiv.org/abs/2602.21404